


Servicio de patinetes compartidos. Una marca que nace en un móvil, vive en la calle y tiene que sobrevivir pegada a un vehículo sucio.
El sector estaba lleno de marcas idénticas: nombre corto, verde ácido, tipografía redonda y sonriente. El cliente no quería otra app simpática — quería algo que pareciera un servicio de transporte serio, no un juguete.
La X del nombre se convirtió en el signo: dos trazos cruzados que se leen como un cruce de calles, como un punto en un mapa y como el gesto de dos rutas que se encuentran. En negro y blanco es sobrio; el verde sólo aparece donde hace falta señalar algo — un patinete libre, un viaje terminado.
Un patinete compartido se ensucia, se raya y se ve casi siempre de lejos y de reojo. Por eso el signo se construyó con trazos gruesos y sin detalle fino: sigue leyéndose con barro encima, a tres metros, de noche.
La app usa el mismo par: mapa oscuro, verde sólo para el estado. Y aquí el signo hace un segundo trabajo — marca tu posición. La marca no está sobre el producto: es parte del producto.

El producto es un patinete — así que el patinete es el soporte principal. Negro, el logotipo en blanco, la X verde como única chispa. Al lado, los citylights nocturnos donde la marca por fin puede subir el volumen.
