


Una fundación con un principio simple: moverse hacia arriba. Un solo elemento gráfico — una flecha dentro de una superelipse — y nada más.
La flecha nace de tres piezas: el gesto de subir, la letra «a» del nombre y la superelipse que lo contiene todo. El resultado es un signo que se lee en una décima de segundo y sobrevive a cualquier tamaño — de un favicon a la lona de una parada de autobús.

Con un solo elemento, la tentación es decorar. Hicimos lo contrario: rojo pleno, blanco, y la flecha repetida como patrón cuando hace falta textura. La identidad entera cabe en una regla que se explica en una frase.

Vasos, bolsas, marquesinas. El signo apunta arriba en todos ellos — y eso es exactamente lo que una fundación debe decir sin palabras.

La etiqueta colgante funciona como sello de la fundación: cualquier objeto que la lleva queda «flechado». Es la prueba de que un solo elemento bien dibujado rinde más que diez mediocres.
