


Una consultora que acompaña a personas en su camino a Canadá. Todo el sistema visual nace de un solo dibujo: la hoja de arce que se convierte en flecha.
Inmigrar da miedo. Papeles, plazos, entrevistas — y una decisión que cambia una vida entera. El cliente necesitaba una marca que transmitiera lo contrario del caos que siente su público: orden, dirección, un final feliz alcanzable.
La hoja de arce es Canadá sin necesidad de decirlo. La dibujamos con una particularidad: su nervio inferior se convierte en una flecha que apunta arriba y adelante. Simétrica en todo salvo en eso — porque el viaje del cliente tampoco es simétrico: hay un antes y un después.

Rojo canadiense, blanco, y una regla: el símbolo siempre a la izquierda del nombre, la flecha siempre visible. El elemento gráfico funciona solo — en un pin, en un paraguas, en una maleta — y la marca se reconoce incluso sin leer nada.

En el merchandising nos permitimos jugar: una mini-ficha de hockey, revista propia, hasta un palo de hockey con la hoja grabada. Si tu nueva vida va a ser canadiense, que lo sea desde el primer día.

Una consultora de inmigración vive de documentos — así que los documentos también son marca: sobres, carpetas, la revista propia con la que esperar en la oficina se hace corto. La burocracia no se puede evitar; se puede diseñar.
